Parejas
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La cuestión de provocar un deseo en el otro y luego no satisfacerlo, es habitual en hombres y mujeres.

¿Por qué se actúa histéricamente? Claves de una especialista.


“Habíamos llegado al pub con un par de amigos y al toque vi que la mesa donde estaban las minitas sentadas (muy perras, por cierto) me fichaban mal”, narra sin sutilezas Matías de 24 años, administrador de empresas. “Por un lado no tenía ganas de ir a encararlas, salgo con una chica desde hace un par de meses.

Pero por otro, no podía arrugar de esa manera frente a mis amigos y la verdad... estaban buenas. Esas miradas tan explícitas me descolocaron”. Ese fue el comienzo del relato de la historia que terminó a las dos horas en un par de besos con una rubia, una promesa suya de “te llamo esta semana” y un teléfono anotado en un papelucho, que perdió al otro día.

María Laura tiene 26 años, pelo corto, un metro setenta, cara bonita y una desilusión: los hombres. “En la facu me crucé con un flaco que estaba bárbaro. Me hice amiga y nos colgábamos horas charlando en el bar. Reconozco que era franelero con todas, pero se pasó de histérico. Era estar siempre al borde del sexo y a último momento, nada. Después de varias vueltas, estuvimos. Dijo amarme y demás versos. A los dos meses desapareció como por arte de magia, no me dijo por qué, ni contestó mis llamados”.

La histeria, definida a grandes rasgos, es un trastorno psicológico caracterizado por una posición determinada frente al deseo. Se la entiende como una posición evanescente que tiene una persona que busca provocar el deseo en el otro y luego se sustrae a concretarlo. Pero la negación de la satisfacción, abarca también al propio deseo. El cómo se es deseado, mirado, qué se significa para el otro, cobra un peso excesivo y a su vez, incrementa la ansiedad. Como por ejemplo: “yo le dije que quería flores y él me las compró. Pero ya no sirve, porque yo quería que se diera cuenta antes que se lo dijese” o “Él me quiere, pero no de la manera que yo quiero que me quiera”. ¿La histeria es sólo de las mujeres? ¿Acaso los hombres no están actuando de esta forma? ¿Hay un cambio de patrones culturales y se diluyen las diferencias?

“Vos me preguntás por la histeria de los hombres”, reflexiona la licenciada en psicología María Teresa Ferrari. “Yo hablaría más de la histeria en las relaciones entre los dos géneros. Evidentemente, muchas relaciones han tomado ese rumbo, en el punto de que hay una cuestión de no implicación y una falta de compromiso y responsabilidad en el vínculo, por parte de los dos”.

Si bien el sentido común establece que la histeria es una característica típicamente femenina, Ferrari se opone, afirmando: “la misma no es un patrimonio exclusivo de este género, ya Freud en el siglo pasado demostró la existencia de ella en el hombre a costa de ser abucheado por sus contemporáneos, porque entre otras cosas, etimológicamente histeria proviene de la palabra útero en latín”.

Ferrari sostiene que la histeria que se observa en estos días se origina básicamente en la imposibilidad que tienen los hombres de implicarse en una relación amorosa. Y explica: “Seguramente allí, si uno escarba, puede encontrar que, por detrás de la fascinación del “toco y me voy”, de ese generar en la otra el deseo y dejar la pelota picando, se

halla muchas veces la dificultad de romper con las posiciones infantiles. Entonces el galán de América que te deja plantada o el picaflor, tienen como principal sostén a la mamá. En última instancia, la posibilidad de un vínculo afectivo con el otro sexo supone un despegue de esos lugares. Y a veces lo más complicado es eso: renunciar al narcisismo, la posición cómoda de estar con mamá y papá, aunque sea imaginariamente, porque ellos pueden hasta estar muertos”.

Pero el cambio en el hombre no puede pensarse aislado del de la mujer. Ella -tras un largo proceso de transformaciones sociales, políticas y económicas efectuados en el siglo pasado- se incorpora masivamente al mundo laboral. Empieza a tomar espacios de poder en política y empresas, a manejar dinero, su propio cuerpo y el disfrute sexual. El cambio es tan grande que incluso en la actualidad muchas mujeres pueden tildarse de “masculinizadas” –en relación al rol antecesor- por su plena identificación con el discurso masculino.

“Al hombre le resulta complicado digerir esta realidad y debe tener un considerable grado de madurez para aceptar que la mujer esté en paridad con él”, opina Ferrari. “El histerizarse es, muchas veces, un modo defensivo frente a la dificultad de vivir. Quizás, en el fondo, le cueste madurar, encontrar su lugar en el mundo, instalarse profesional o laboralmente”.

Pero esta situación puede ser nuevamente transformada. Con el tiempo, caduca la potencia de los padres y aparece la necesidad de cambiar la realidad, porque no se puede mantener una postura adolescente para siempre... “La histeria tiene que ver con ser para el otro, ser esa imagen, ese cuerpo, ese objeto y lo que a uno lo salva es la capacidad que uno tiene para hacer lo de uno, eso es lo crucial”, concluye la licenciada. “Con esto no quiero decir que hay que prescindir del otro, porque el ser humano necesita de otro, sino producir ciertos cortes, separaciones de esa imagen que se sostiene para el otro. La salida de la histeria es encontrar lo que a uno le produce placer genuino, donde uno es realmente uno y no importan las apariencias”.


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